Mamá con niña, de Alfonso Paso. La función, del pasado sábado, apostaba, a priori, por el humor clásico y situaciones inesperadas típicas del autor, ofreciendo una velada de entretenimiento puro y duro. Esa sería la parte referente al contenido. El continente ya fue otra cosa: un teatro lleno, de nuevo, para disfrutar del buen hacer de una compañía local aficionada que lejos de soportar el peso de sus más de 40 años de vida, parece como si se hubiesen conformado el mes pasado. La frescura y su manera de entender el teatro siguen intactas. Nunca han mirado a los lados, siempre de frente y con la premisa de que, si no está todo bien engranado, no se sale al escenario. Es por esto que no participaron en el pasado Otoño de Teatro; es por ello por lo que sus cientos de seguidores y seguidoras acuden en masa cuando hay obra a estrenar.

Así, los de Joaquín de la Hoz, al que por cierto pudimos volver a disfrutar en un pequeño papel, nos dieron otra clase magistral de teatro. Cuatro papeles principales que mantienen el peso de la comedia desde el primer minuto, siendo Pili Díaz la responsable de las risas más estridentes del patio de butacas. Oímos a gente encanarse. Esa es la mejor garantía de que algo funciona. Y a Carátula G.E.A le funciona el personal y mucho; desde las ya veteranos: Pili Díaz, Paqui Díaz o Ana Mari Sánchez a el ya tan imprescindible como buen actor, Víctor Martínez y la incorporación de un Andrés Crespo al que le hemos descubierto una vis cómica impresionante.
Dirección, puesta en escena (marca cuidada de la casa) y una coreografía escénica cuidada al detalle hicieron de la noche del sábado otra velada teatral para enmarcar. Como decimos siempre: al Teatro Coliseo no se sube de cualquier manera y el listón sube y sube con cada representación nueva, con cada apuesta local por una escena que vive, repetimos, su eterna edad de oro.
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