Querido Blas

Blas Martínez, era un hombre divertido, muy divertido. También era un hombre sensible. Una bondad encerrada en un corpachón que hacia justicia y le daba cabida, con amplitud, a ese gran corazón suyo. Siempre tuvo palabras amables, acompañadas por uno o dos chistes, siempre estuvo dispuesto a arrimar el hombro a la llamada de sus compañeros de filas, teatrales, en este caso. Amigos que lloran su partida y que le recuerdan de la misma manera: con tristeza pero con un pequeño esbozo de sonrisa.