Nos duele la boca de decirlo: la inclusión de las personas discapacitadas empieza por la educación más elemental: entre los más pequeños; desde los colegios, como pudimos comprobar ayer mismo, hasta los mayores; aquellos cuyos prejuicios vendan las emociones propias de las personas que aman la cultura. El grupo de teatro del Centro Ocupacional La Algarabía, se encargó, una vez más, de romper barreras y demostrar que sus propuestas escénicas están a la altura de cualquier otra compañía aficionada que se precie.

Y ROMANORUM, un texto de Lola García Carcelén, es una de esas comedias caramelo, hechas a medida para estos actores y actrices tan dados a bordar la comedia, en este caso histórica. Un César apático; unos acólitos y consejeros preocupados por el futuro de su Imperio; una hija casadera, un héroe de guerra «panillerus» y una Villa de Carrillus con muy malas pulgas para poder ser conquistada. Bajo la imprescindible dirección de Joaquín de la Hoz (no hay nadie que los entienda mejor) y el concienzudo trabajo de los/as monitores/as, la clausura del XXI Otoño de Teatro, del pasado 6 de diciembre, con La Algarabía, nos dejó muchísimos mensajes: el trabajo hecho, el esfuerzo, las frustraciones previas ante tal reto, no caen en saco roto. Es muy emocionante ver la evolución de estas personas: algunas se encondían del mundo y ahora protagonizan obras de teatro…Del mismo modo vimos como una obra tan complicada para ellos, por los textos largos y palabras no habituales en nuestro vocabulario, se hizo grande, gracias a una concienzuda apuesta por el colectivo; por dar un paso más; por no quedarse anquilosados. Para eso son únicos. Y el público así lo ve y lo agradece. Llenaron el patio de butacas, y más allá, de gente que reía y se emocionaba con ellos. Un público fiel y entregado que acude en masa a su llamada. Otra cuestión importante, para cerrar: tras la clausura, a la que asistieron miembros de las compañías participantes en este Otoño, no fueron pocos los que se acercaron a decirnos que este montaje había que exportarlo; que los lleváramos a su pueblo correspondiente. ¿Habrá mejor recompensa para un trabajo? ¿Habrá mejor inclusión que la de que te quieran en todos sitios? No creo, ¿verdad?
Y hubo muchas sorpresas…Homenajes merecidos que nos pusieron en pie, así de entrada.
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