Crónica que Diego Marín. Fotografías de Juan Egea.
Más de 800 personas disfrutaron de esta ópera-rock que fusionó al grupo de teatro Carátula de Villacarrillo con la comunidad educativa del colegio Nuestra Señora de las Mercedes.
Siempre ha habido obras de teatro, malas, mediocres, buenas, muy buenas y espectaculares. Y haríamos bien en tildar la del domingo pasado en esta última categoría. No por sus nuevos decorados, que también, tampoco por su extraordinario elenco, que también, puede que no por su interpretación magistral, que también, o por su cuidado vestuario, que también, quizá por su asombrosa iluminación, pues si, también.
Pero lo que la destaca es haber sido una obra dotada de alma, por acoplar sus latidos a los del asombrado espectador, por continuar el espíritu de semana santa en un Domingo de Resurrección que declina con el ocaso, por mantener vivo aquello que parece acabar. Por dejar patente que Jesucristo es Superstar, hoy, mañana y siempre.
Una ópera Rock que cual ave fénix siempre resurge de sus cenizas, un supermúsical cuya letra narra historias, penetra en el tejido neuronal y teje un nuevo lienzo, una nueva síndone para el eterno Mistery Man, hecha de emociones, de baile, de sentimientos.
Joaquín de la Hoz, director de Carátula G.E.A., en perfecto sincretismo con el Colegio Mercedarias y todo su equipo humano, conectados a mas de 70 actores y actrices, técnic@s y tramoyistas, un@s nóveles, otr@s más experimentados, unos pequeñ@s, otros adultos, trenzan la historia del Galileo universal, como si de un vídeo mapping inmersivo se tratase, y la concretan en una fusión emocional pocas veces experimentada.
Butacas llenas, palcos, a rebosar, platea colmada, sillas en los pasillos, dos sesiones desbordadas como pocas veces ha visto el Templo de la cultura por antonomasia. Nuestro Teatro Coliseo de Villacarrillo.
Ese fue el colofón final de una Semana Santa sentida en lo más hondo de cada fibra personal, de cada esperanza que nace y ya nunca muere, porque en el teatro sobre la eterna noche del pasado, se abre la eterna aurora de la mañana.
Esta vez, Villacarrillo, no has perdido lo bueno, has ganado lo GRANDIOSO.

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