Un viaje emocionante, sí. Un viaje en el tiempo del texto ganador de la cuarta edición del concurso de textos teatrales, Villacarrillo Imaginaria. En 2019 tuve la oportunidad de leer esta historia original, inédita, con tintes históricos y un entramado que bien podría competir con las mejores historias de novela negra. Metaliteratura que mezcla pasiones separadas por una guerra, espionaje, abusos de poder, maltrato, locura…Gracias por esas palabras de cariño para los/as fans que ya no están presentes ( o sí), gracias por el mayor regalo que se le puede hacer a un hijo, una hija, nietos… Mi madre todavía está aplaudiendo al monaguillo. Pero no seré yo quien desgrane lo vivido en el Coliseo el pasado sábado, no. En este caso lo hace un maestro de la palabra de la propia vida, Diego Marín.

Era un sábado cualquiera dentro del 19º Certamen de Teatro de Otoño en Villacarrillo. Nada hacía suponer que en ese Templo Cultural que es el Coliseo, fuera a producirse una auténtica “Tempestad emocional” que arrasase con todo. El grupo Sonrisas de Teatro, durante dos años ausente, volvió asumiendo un género interpretativo distinto al acostumbrado.
Ante un abigarrado y expectante público, Julia desgranaba un pequeño manifiesto por el día 25 de noviembre “Día Internacional Contra La Violencia de Género”, más la voz se le quebró y no pudo contener las lágrimas.
Al punto, un torrente de sentimientos se adueñó del lugar. La obra a representar, “El silencio de la locura”, escrita por un jovencísimo dramaturgo villacarrillense “José Miguel Marín Prieto”, comenzó a escabullirse de la tinta, como la crisálida se hace mariposa, para materializarse ante los atónitos ojos del respetable, y la angustia, la tensión, la pasión, el miedo, la tristeza, la codicia, la alegría y…. la locura, se enseñorearon del ambiente, cual si el mundo exterior hubiese dejado de existir. Los gráciles y vaporosos movimientos sobre las inveteradas tablas, de Lourdes, María del Mar, Andrés, Julia, Mamen, José María, José Carlos, Marilola, Beatriz, Raúl, y del propio escritor trascendieron el tiempo y el espacio para instalarse, en el mismísimo numen mientras, al otro lado del universo, los ágiles dedos de Alba, Pedro y Raúl, jugaban con luces y sombras como antiguos dioses que crean y destruyen a capricho.
Un aplauso interminable se extendía por la sala, pero nadie parecía oírlo, la vida de la escena se desarrollaba al margen del mundo real, ¿o quizá eran ellos los reales?
Finalizada la función el escritor abandonó su libro para hacerse presente, para dar las gracias, y, en un impasse de silencio, pudo escucharse una ovación que nadie acertaba a ubicar, más al mirar hacia arriba, allí estaban, junto a otros muchos: Diego, Josefa y Rodrigo, aplaudiendo a rabiar desde el cielo. La loa se había cerrado, como la noche, el público ni siquiera se daba cuenta, que ya habían abandonado la comodidad de sus asientos hacía rato pues, un puño gigantesco les oprimía el alma y ceñía las gargantas a punto de congoja. Puede que no haya sido la mejor obra del mundo, pero, se le parece demasiado.
Solo lo que se pierde, es adquirido para siempre.
Enhorabuena grupo, habéis tejido la vida y la muerte.
Diego J. Marín.
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