La artesanía del esparto, que no se pierda. Con Juan Bustos

¿Qué hacer cuando uno está confinado? ¿En qué invertir el tiempo? Muchos, muchas nos hemos tenido que reinventar para procurar mantener la cabeza en su sitio durante los meses más duros del encierro. Paseando a las perrillas, por la calle José Rodero Matarán, camino del cementerio municipal, siempre me llamaba la atención el trasiego que se producía en una de las cocheras de la vía. Con distancia y medidas de seguridad, se podía ver, casi siempre, a dos o tres personas, fuera de la mencionada cochera, viendo trabajar a nuestro amigo Juan Bustos. Un expositor, colgado de un gancho de hierro, era (es) el reclamo. Hablo en pasado porque llevo meses pasando por allí, pero hoy, Juan, sigue tan activo como el primer día. Un pozo, un borrico con sus “agüaeras” y sus correspondientes cántaras de agua; albarcas, animales, barjas, muebles, molinos…Cualquier cosa que Juan imagina la traslada al esparto. Es como una de esas modernas impresoras en 3D pero aquí no hay cables, chips, ni ordenador que valga. La máquina es su cabeza y lo que ésta imagina, lo reproducen sus manos.

Juan Bustos, albañil jubilado, aprendió a manejar el esparto hace muchos años pero fue durante los días del confinamiento, allá por el mes de marzo de 2020 y hasta hoy, que se puso manos a la obra para no parar de crear obras de arte. Es su hobby (también vende los artículos que crea) y una de las cosas que le mantienen alerta y en pie en estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir. Del mismo modo pone en valor un arte que se está perdiendo y que en Villacarrillo, gracias a algunos vecinos como él, se resiste a desaparecer.

El cultivo y manejo del esparto se remonta a tiempo inmemoriales. Su antigüedad no está fechada pero su cultivo siempre ha ido parejo al del olivar. Según los historiadores, la principal aplicación era la elaboración de capachos para el prensado de la aceituna en las almazaras, utilizados en prensas hidráulicas como filtros para la extracción a presión del aceite de la masa de la aceituna y los capachos para el transporte de la misma a lomos de caballerías, con el mismo nombre pero distintos de los anteriores. Además y como recoge Plinio, con él se elaboraban sogas, cuerdas, maromas, envases, enseres, calzado, útiles, esteras y otros objetos. La fibra sintética supuso la muerte (o casi) de este tipo de labores. Sin embargo, el esparto resiste la envestida del paso de tiempo y la modernidad. Gracias a personas como Juan Bustos al que podréis ver (mascarilla mediante) a la puerta de una cochera, abierta de par en par, a la tradición más bonita.

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