Villacarrillo su puso en pie para recibir a El HIjo del Hombre.
El Hijo del Hombre es un espectáculo de lágrimas. Para creyentes o no, la expericencia vivida con esta bellísima obra hace que salgas del teatro, en este caso de nuestro Teatro Coliseo, con una enorme cruz a cuestas cargada de preguntas cuyas respuestas, muchas de ellas, cada persona interpretará a su libre albredío. Podría ser este un pregón de Semana Santa perfecto, porque, considero, que este tipo de proclamas, donde conocemos las vivencias de fe de una persona en concreto: el pregonero o la pregonera, se enriquecen mucho más cuando llevan pareja una sección artística e incluso didáctica. Porque, ¿cuántos de nosotros conocíamos la forma de pensar, de vivir, al lado de Jesús de Nazaret de, por ejemplo, la propia María Madre, de los apostoles Santiago, Pedro o Judas? ¿Qué razón llevó a éste último a tomar la decisión más dura de su vida? ¿Quién era realmente María Magdalena? ¿Fue Longinos verdaderamente consciente del porqué de la muerte de ese hombre?

Dudas. Incertidumbres. Formas de pensar y de descubrir a los personajes más cercanos a la figura de Jesucristo que, aquí, deambula por el escenario como nexo común; como un hilo rojo de sangre que teje la historia más grande jamás contada en boca de otros.
Ese es el contenido, pero el continente es magia. La mezcla de unas excelentes, y muy creíbles, interpretaciones con una música que habla y calla en perfecta coreografía con las palabras de los actores y actrices y un video mapping que impregnó el teatro de obras de Goya, Velázquez o El Greco.
Repito: bellísimo espectáculo de una elegancia pocas veces vista en nuestro teatro. Bajo la dirección artística de Rafael López con guion, escenografía y producción ejecutiva de Manu Fernández.
Dirección musical: Carmen María Pérez Mata.
Banda sonora original: Grégoire Lourme.
Video Mapping: Arco Visuales.
Iluminación y sonido: Mad Sound.
Vestuario: La Casa del Recreador.
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