Pregunta general: ¿Cuáles son los principios de la Cultura? Según algunas páginas de ciertas universidades del mundo, muchas de éstas coinciden en esta definición: «Los principios son el conjunto de valores, creencias, normas, que orientan y regulan la vida de la organización. Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos estratégicos. Estos principios se manifiestan y se hacen realidad en nuestra cultura, en nuestra forma de ser, pensar y conducirnos».
Ser, pensar y conducirnos (nosotros mismos) sin que nada, ni nadie, nos adoctrine; sin que nada nos obligue a actuar por cuenta ajena, sino que sea nuestro propio pensamiento el que se imponga; nuestro criterio y nuestros valores. Según el director de marketing, Marcus Collins: «No hay ninguna fuerza externa que influya más en el comportamiento humano que la cultura«.

Por eso, querido tejido cultural de Villacarrillo: En nuestro pueblo, como en el resto del mundo, hacer, trabajar y consumir cultura es fundamental para ese crecimiento interior al que todos queremos llegar y cuidar (o deberíamos) al mismo nivel que se cultiva el culto al cuerpo. Por eso, a título personal, ojo, no logro entender el porqué de esa desidia en nuestro pueblo para según que tipo de actividades culturales se organicen. Somos un pueblo de poco más de 10.000 habitantes con un tejido cultural muy importante: músicos, aficionados al teatro, corales, clubes de lectura, amigos de la historia, del flamenco…Villacarrillo es historia, una localidad enormemente rica en ese aspecto, con nombres ilustres de las artes y en diferentes disciplinas; con un teatro histórico también. Más de 10.000 habitantes, de 10.000 mentes pensantes para las que hay diversidad de propuestas. Vemos cómo se producen encendidos debates cuando se habla de la fiesta de los toros, de la cultura taurina que tantos aficionados tiene como detractores. Ojalá esas mismas pasiones se trasladaran a la cultura general cuando se organizan teatros, conciertos, exposiciones, encuentros literarios…Sobre todo cuando, repito, llegan al pueblo propuestas diferentes que no entran dentro de los cánones o gustos establecidos que, siendo respetables, deberían ir parejos a otras actividades distintas que lo único que hacen es enriquecer la programación cultural de un pueblo y enseñar, si me lo permiten, a los de dentro, lo que se hace fuera.
Llévamos años intentando «educar» al público. Desde los tiempos de Luis Molina y Sebastián Munuera (sin teatro y con su correspondiente dificultad) hasta estos días ya tan distintos y «modernos» con el hoy concejal de Cultura, Carlos Sánchez del Barco y un servidor. Hemos crecido, sí, gracias a ese trabajo previo y con el actual. A pesar de muchos desengaños, en propuestas con las que creímos que se llenaría el teatro u otros espacios culturales, a pesar de eso, vuelvo a repetir, se sigue trabajando con ilusión para que Villacarrillo goce de alternativas de ocio que, de momento, son minoritarias por mucho que duela. No hablo de toros, encierros o verbenas…no. Esas formas de consumo cultural tiene el éxito asegurado, al menos de público, otra cosa es que el resultado final sea del agrado de todos. Hablo de encuentros literarios o teatros o conciertos a los que acude poca gente, bien por desconocimiento o porque no hay un familiar o amigo encima del escenario. Hablo de una calidad extraordinaria de la que deberían aprovecharse nuestros vecinos y vecinas. Solo con los clubes de lectura llenaríamos medio teatro para escuchar a escritores/as maravillosos/as. Solo con los componentes de los diferentes grupos de teatro aficionado llenaríamos el Coliseo entero…
Por eso me pregunto: ¿Dónde están? ¿Dónde estamos? ¿Acaso no hay suficiente información, publicidad? ¿Nos da miedo lo diferente? ¿Queremos crecer, de verdad, en pro de una cultura digna, de calidad y acorde con los tiempos? ¿Hay vida más allá del gusto propio (y respetable) de las masas? ¿Hay interés en aprender de lo diferente? Todas esas preguntas se me agolpan en la cabeza porque, una vez más, comprobamos que la CULTURA es un área maltratada e injustamente relegada a un segundo plano.
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