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Embeleco da vida a más de 350 personas en el Coliseo

Volver y triunfar. La clave está en hacer las cosas bien, desde siempre, lo que conlleva una especie de simbiosis entre artistas y público que sigue fielmente su trabajo. Eso es lo que vemos y sentimos cada vez que se suben al escenario los chicos y chicas de Embeleco, el grupo de Villacarrillo cuyo histórico director, Vicente Nieto, sigue tan en forma como siempre, siendo una de las piezas clave de la escena de nuestro pueblo, amén de en otros puntos de nuestra provincia. Escribe y dirige; enseña y divierte; inventa historias imposibles ( o no) que son correspondidas con el cariño de cientos de vecinos, hasta 350, que, en este caso, llenaron el Teatro Coliseo el sábado pasado.

Escribe, dirige y es uno de los mejores directores de actores. Saca lo mejor de cada uno y a las pruebas me remito: desde Franci Vázquez, impecable y divertidísimo en su papel, tragicómico, de empresario del más allá hasta Juani Soto, policía flamenca con compañero invisible y muy en su papel con olfato de sabueso experimentado, pasando un José Pablo Hita cada vez más cómodo en escena y otro de esos «aficionados» a los que nos gustaría ver más en acción. La vis cómica de Pilar Lirola, Mari Carmen Fernández y Pedro Garrido, que llenaron de carcajadas el patio de butacas, como un trío perfecto. A Josefina Ruiz se le nota, y mucho, que su amor por el teatro sigue intacto, fiel escudera de Nieto y muy divertida en su papel de médium sin papeles. Miguel Climent es otro de esos descubrimientos que deberían dejarse ver mucho más en montajes venideros, Termina el repaso con una inocente y picarona Minerva (Pilar Bustos) que se lleva «el premio gordo» a pesar de ser la última en entrar en escena.

Ellas y ellos, piezas de una obra que, bajo el titulo de ¡De muerte!, nos hizo divertirnos a todos, sin excepción. Esta comedia de Vicente Nieto no pretende otra cosa. Divertirse en tiempos revueltos, poco propicios para el disfrute. Por lo tanto nuestra más sincera enhorabuena por tan buen trabajo y por conseguir que centenares de personas salieran a vivir la cultura en un pueblo pequeño con ínfulas de capital cultural.

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