A las tablas del Teatro Coliseo no se sube uno de cualquier manera. Un respeto. No todo vale y cuando se cuida el montaje a estrenar; en este caso la nueva propuesta de Revolú Teatro de Villacarrillo, el resultado es uno: el crecimiento de una escena local de teatro que es la envidia de la provincia de Jaén y más allá. Teniendo en cuenta que hablamos de teatro aficionado; que cada grupo tiene su idiosincrasia y su forma de trabajar y entender el arte. Contando con la problemática a la hora de programar ensayos; de vidas propias…La escena local de Villacarrillo vive una pequeña edad de oro gracias al empeño de querer hacerlo bien. Es que no hay otra. No es un juego, aunque lo parezca. No es pasar el rato. Es amar lo que se hace.

Revolú Teatro de Villacarrillo ya vino a cambiar eso. Hace más de una década, cuando Adolfo Segura reunió a un grupo de actores y actrices que , ¡oh, sorpresa! vocalizaban los textos; cuidaban las formas, interpretaban sin fisuras, el actor o actriz se disolvía con su personaje en un mismo elemento; se cuidaban las escenografías (como bien ha hecho Carátula G.E.A, toda su vida), algo que muy pocas compañías, aficionadas o no, hacen hoy en día.
Segura, se marchó dejando unas formas y un veneno que sigue más vivo que nunca en esta etapa de Revolú. Su Why Men?, adaptación de Ocho Mujeres, del dramaturgo francés Robert Thomas, es la mejor muestra de todo lo que he contado anteriormente. Tuve la oportunidad de ver el montaje, con María Luisa Merlo o Queta Claver, allá por el año 2000, y ya me pareció una obra muy complicada para actrices profesionales, donde al menor despiste podías perder el hilo de una trama compleja y de un texto rico en aristas que si no se interpreta bien; si no se desarrolla fluido, puede hacer que te enredes en sus múltiples tentáculos y pierdas interés. Sin embargo, ni entonces, ni ahora se ha cumplido esa posibilidad. Entrega del público desde el minuto uno por obra y gracia de un todo: las actrices (todas) maravillosas y en su papel correspondiente. El director supo escoger bien y Maribel, Ana, Silvia, Lola, Mª Pilar o Juani engullen a ese nido de «arpías» (no todas) que consiguen que Marcel, el noveno personaje de la historia, que nunca aparece en escena, conozca el como y los porqués de una familia que esconde una cara b demoledora para su ya desgastado corazón. Crimen, sospechas, enredo…
En la versión original tenemos a una criada y ama de llaves, aquí transformadas en los únicos personajes masculinos. Otras dos piezas fundamentales en el montaje, de la mano de Manuel y Pedro. Todo el elenco de diez. Interpretaciones mayúsculas: dicción, fluidez, coreografía escénica, vestuario de película, escenografía máxima de Juan Mateo Andrade, ambientación a cargo de José Manuel Navarrete...y una dirección, la de Juan Luis García Hervás, que nos recuerda a los primeros años de Revolú Teatro, cuando subirse a las tablas del Teatro Coliseo no era un juego más para un público al que se le podía exigir poco. Ahora hay espectadores entendidos y muy capaces de poner a cada compañía en su sitio. Revolú llena porque ofrece calidad.
Gracias por no participar en el Otoño de Teatro del año pasado. Tirarse al vacío con una red poco consistente habría sido un tremendo fracaso. Estoy convencido. Y aquí es donde se demuestra el oficio y la verdadera pasión por el teatro.
Mención especial al grupo de baile, Baile y Color, por poner empoderamiento a la parte final del montaje con ese Tango de Roxanne (Moulin Rouge) que vino a firmar una noche que también estuvo dedicada a la Mujer por el 8 de marzo. Hubo varios guiños: el alegato inicial del director o las menciones en el texto al papel de la mujer más allá de la época en la que se desarrolla la historia: ni son objetos; tienen ambición y son mucho más que meras secundarias en la película que muchos hombres, entonces y ahora, se montan.
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