Bellísimo concierto el ofrecido ayer en el Teatro Coliseo por parte de cuatro jóvenes músicos. Músicos con mayúsculas a pesar de corta edad. Los villacarrillenses: José Carlos Madrona y Mario Ballesteros y los villanovenses: Juan Martínez y Víctor Ruíz dieron una lección de elegancia, arte y pasión sobre un escenario. Un proyecto, aún sin bautizar, que convierte el agua en vino, si se me permite la comparación: marchas procesionales muy populares, arregladas para un cuarteto de trompeta, bombardino, piano y violonchelo. Además de la trompa y el fliscorno.
Fotografías de José Luis Martínez y Manuel Jiménez.
No es solo la interpretación de estas renovadas y elegantes versiones; se trata de un todo que hizo que la emoción se desbordarse en el Coliseo. Silencio absoluto ante el virtuosismo de músicos, imágenes y declamación de un José Miguel Marín Prieto que hizo de narrador de la Pasión según estos artistas. Porque el guion es sencillo: dedicar una marcha a cada una de las cofradías de Villacarrillo; a sus Imágenes. Una sencillez que se perfumó de incienso y ARTE. Y eso es lo difícil: sorprender a tan temprana edad. Así, sonaron: Caridad del Guadalquivir, Costalero, La Madrugá, Palio blanco, entre otras. Marchas que se fundieron con composiciones tan populares como La Saeta o Gabriel´s Oboe.

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