La AM Cristóbal Marín nos premia con un musical de musicales (Querido Vicente)
Antes de nada, me gustaria diculparme ante la calidad de las imágenes; pero el lleno absoluto (440 personas) me hizo imposible ocupar una mejor posición en el Teatro Coliseo.
La Asociación Musical Cristóbal Marín: su presente (banda juvenil y senior) y su futuro (banda infantil) nos ofreció un concierto, en honor a Santa Cecilia, que ya es historia viva de la cultura en Villacarrillo. Siguen siendo un valor seguro; una de esas familias de artistas que no se conforman con hacer «lo normal»: tocar y a casa. No. Ellos siempre van un paso más allá; siempre dan todo lo posible para que la gente disfrute de la música, casi, en 3D.
Solidaridad con las víctimas de la DANA; inicio con el himno de la Comunidad de Valencia y recogida de enseres de limpieza. Luego vino una ficticia entrega de premios: los TONY a los mejores musicales: Rey León, Grease, El Fantasma de la Ópera…
Todo encaja en esta familia. Incluso las palabras desde el atril de premiados donde un orgulloso nieto dedicaba unas palabras a un, no menos, orgulloso abuelo que, por cosas de la edad, tiene que disfrutar de su pasión: la música, desde abajo. Y es que nos va a costar mucho, querido Vicente (Ballesteros), no verte brillar entre los dorados y plateados de esos instrumentos que te han rodeado siempre; esos elementos que también forman parte de tu familia más cercana. Ahora toca, nunca mejor dicho, vivirlo desde la barrera; descansar para poder disfrutar pero, desde otra perspectiva. Gracias por tu amor por la música, que conozco desde que era un niño, amigo de tus hijos, vecino de la calle Diego Céspedes y buen conocedor de las virtudes de una familia buena, sin más (y sin menos): humilde, trabajadora y de muchos valores. Uno de ellos, repito, es el de la música cuya pasión inculcaste a tus propios hijos y a tus nietos y lo que vendrá…Vicente el del Butano y el de la Banda de Música. Como anécdota: recuerdo, como si fuera hoy mismo, como, siendo niños, nos metíamos en tu casa, casi como ladrones, para que Juan Vicente nos enseñara un violín que andaba por allí y que era como una joya guardada entre paños. Juanvi solo nos abría la tapa, sin dejarnos tocar siquiera la madera o las cuerdas. Un violín…algo fascinante que se me quedó grabado, en la memoria de las cosas buenas, para siempre.

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