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Sonrisas y Lágrimas con Les Sonrivatos y unas escaleras directas al Cielo

¿Podría ser este uno de los momentos más emotivos de los vividos, hasta la fecha, en el Otoño de Teatro? Podría no, lo es. Les Sonrivatos es una familia de familias; una red de amigos y amigas, pertenecientes a otras formaciones locales como Les Prometemos Mejorar, Sonrisas de Teatro o La Máscara que se han unido para dar luz, así en genérico. Espérame en el Cielo, escrita y dirigida por Diego Marín, no es una obra de teatro al uso, es todo un alegato de amor incondicional a los amigos. Manoli de la Hoz, nuestra actriz que está de viaje, estuvo presente en todo momento, como un personaje más. Ríase usted del Metaverso. No hacen falta tecnologías ni modernidades varias para traer a la Tierra a la gente querida que se marchó un día en busca de otras aventuras. Este montaje giró en torno a sus alas, las alas de un ángel (bastante puñetero) cuyo principal objetivo es hacer el bien a base de palmadas que provocan efectos muchos más potentes que el de la burundanga. Obliga a decir la verdad y nada más que la verdad. El elenco de Les Sonrivatos está hecho para la comedia, alta comedia y así lo demostraron, una vez más, a un teatro lleno hasta la bandera. No podemos, ni queremos, destacar a nadie porque sería imposible disgregar un conjunto en el que no sobra ni una sola pieza; todos son importantes; desde las niñas al apuntador.

¿Cómo es posible hacer reír tanto? Porque Diego sabe donde nos pica. Localismos varios, frases hechas y menciones a personajes y lugares muy conocidos de Villacarrillo. La cercanía hace que triunfen, su falta de vergüenza y ver (notar) que lo que ahí sale es desde el mismísimo corazón. Miradas, carcajadas, gestos, lágrimas…Cosas que no engañan al público. Por eso, personalmente, os doy las gracias. Ahora hablo en primera persona: gracias por hacer que servidor y otras 400 personas, se olvidaran de los dolores de la vida. Gracias por ser tan humildes, por dar esas lecciones de cariño, por convertir en comedia una tragedia tan cruel como la partida de amigas, como la propia Manoli o nuestra querida Marisa, representando a muchas otras personas más que se han ido últimamente. Gracias por ese abrazo tan cálido en forma de canción de un joven cantautor villacarrillense, Emilio Martínez Palomares que provocó el mayor nudo en la garganta con su guitarra y esa letra de fuego dedicada a Manoli.

Final apoteósico con subida por esas escaleras hacia el cielo que provocaron no pocas lágrimas entre actores y actrices y público. También triunfaron en Mogón, ayer domingo, en este caso con otro lleno para ayudar al colectivo de Lazos en Colores (afectadas por el cáncer en Villacarrillo y Asociación Española contra el Cáncer).

Lo dicho, gracias a todo el plantel de artistas y gracias a Aurelia por tu emoción tan sincera, tus palabras entrecortadas fueron un regalo para corazones dolidos como el mío. Gracias, repetiría mil veces, en mi nombre y en el de mi madre que sé que estará aplaudiendo desde el Cielo y diciéndome desde allí: «Hay que ver que gracioso es el monaguillo». Ella es muy fan de Josemi…

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