El otoño se instala, definitivamente, en nuestra tierra. Nunca hay que fiarse, pero ya no hay vuelta atrás. Ahora que tenemos la temperatura perfecta: ni demasiado frío ni mucho calor, nuestro entorno es ideal para salir a pasear sin prisas. La tierra ya empieza a vestirse con los colores típicos del momento, retrasado éste por caprichos del cambio climático. Verdes que se van convirtiendo en ocres y que hacen del paisaje todo un espectáculo. Esto que veis lo tenemos tan cerca que, creo, muchos nos valoramos lo suficiente. No hablo de explotación turística—viable si es sostenible y adecuada al entorno— hablo de recreo interior, disfrute personal, paseos (si es en solitario, para mi gusto, mejor), de convivencia con la naturaleza… Caminos que conducen a esa paz del que se sabe un privilegiado por ser amo y señor de sus pensamientos. Ese recreo también se traslada a la vista y es ahí donde este amigo nuestro, Luis Gallego, pone las herramientas, a nuestro servicio, para acercarnos hasta los olores. No digáis que las imágenes no huelen…¡Claro que no! pero casi, ¿verdad?

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