Qué difícil es mantener el nivel y la capacidad de sorpresa. Con Revolú Teatro de Villacarrillo, parece que nos hemos acostumbrado a lo bueno; montajes dignos de una compañía profesional; decorados propios de un teatro de la capital e interpretaciones que rayan lo perfecto. Eso nos lleva a pensar que «está todo hecho» y no, no lo está. Se puede seguir creciendo.
El pasado sábado, los chicos y chicas de Revolú Teatro, bajo la dirección de Juan Luis García Hervás, nos volvieron a demostrar que no hay que bajar la guardia; que hay que subirse a un escenario siempre y cuando se esté seguro del producto a vender. Y lo estaban, ya lo creo. No se admiten huéspedes es una versión/adaptación del texto de Enrique Jardiel Poncela escrito en 1942, Los habitantes de la casa deshabitada. Vuelven así a trabajar un texto de este autor, ese mismo con el que arrancaron su aventura teatral en 2011 y que tan buen sabor de boca nos dejó entonces; sus Cuatro corazones con freno y marcha atrás cuyos ecos aún resuenan entre bambalinas del Coliseo.
La trama es compleja y necesita de una gran atención, por parte del espectador, y de una dirección de malabarista. La primera parte (acto) mucho más denso y complejo, apuntalado en los personajes de Pedro Garrido (Gregorio) y Víctor Martínez (Don Raimundo), ambos extraordinarios, nos va introduciendo en una historia de «fantasmas» con un trasfondo de estafas y secuestros; de miedos y mentiras que se desenreda en un segundo acto que roza el vodevil: la coreografía, casi final, en la que los numerosos personajes de la obra entran y salen de sus escondites para «aclarar» lo sucecido en esa casa abandonada, es digna de ver y volver a ver. No quiero desvelar mucho mas de la trama pues es una obra para ver y repetir, como he dicho, plagada de detalles donde los personajes están cuidados al máximo (marca de la casa); donde brillan los/as habituales: Maribel López, Raquel Marín, Mari Carmen Fernández, Silvia Hidalgo o Pilar Vicente, actrices todas que no han bajado la guardia en todos estos años. Mención especial a Juani Muñoz y su impagable Rodriga. La vis cómica de esta mujer está a otro nivel. Y las incorporaciones a la familia Revolú: una impactante Lola Casans que hace suya a Leonora y que nos invita a querer verle más en teatro, pues parece mentira que sea la primera vez que se sube a un escenario. Hasta los secundarios tienen una fuerza inusual en teatro aficionado: Josemi Marín, Seba Gallego, Manuel Higueras o un efímero caballero, Baltasar Bueno.
Todo lo bueno que les pase, será bueno para el teatro. Ellos son aficionados, sí, pero también es de esas compañías que crea afición.

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