Pregunta: ¿Qué es la felicidad? Según el todopoderoso y «sabio» Google: «La felicidad es el estado emocional de una persona feliz. Es la sensación de bienestar y realización que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos. Un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten».

Querido José Ángel: a pesar de lo que diga un buscador de Internet yo le añadiría muchas más cosas a esa definición de lo que es la felicidad: empatía, sobre todas. Cariño y acercamiento (a pesar de las distancias de la vida) ante la adversidad del que sufre, en silencio, ante un futuro que se preveía incierto y que, ahora, hoy, en este momento, se vive con calma aparente y prudente felicidad. Porque en esta vida, querido amigo y compañero, la prudencia es la base de nuestros días (frase de taza de café). No es necesario que un coach nos diga lo bonito que es vivir si te esfuerzas en ello; si ves color donde solo hay blanco y negro; si sonríes aunque no quieras, porque sonreír espanta los fantasmas…¡Anda ya! Los fantasmas son tan reales como la vida misma. Los fantasmas son esas enfermedades que se diagnostican de la noche a la mañana y que te pegan tal mazazo en el pecho que te obligan a resetar tu vida entera. Los fantasmas son días en los que pierdes a una madre en menos de un minuto. Esos fantasmas no se espantan, se aprende a vivir con ellos. Nada más y nada menos. Por eso, querido José Ángel, hoy te escribo esta carta desde lo más profundo del transistor que tengo entre costilla y costilla. De la radio (ahora la tele); de las mañanas aquellas de emisora, noticias, risas, llantos y apredizaje vital, ya hablaremos otro día. Porque, ¿quién no sabe de el Mañas? La voz eterna de Radio Villacarrillo, con carácter guerrero y corazón noble que desconocen «los que solo oyen al personaje» y no se han preocupado de acercarse más a la persona o convivir con ella. Eres historia de Villacarrillo y así se reconocerá en un futuro, cuando se escriba de los que ya no estemos en este entramado social que es nuestro pueblo. Pero, como digo: esa es otra historia y será contada en otro momento.
Nos queda caminar sobre nuestros zapatos y esperar acontecimientos, sin prisas, sin arrebatos de rabia, con el deseo de que ese camino sea cómodo, para que no duelan los pasos. Firme y mirando al frente desde el ahora, hoy; ni ayer ni mañana. Hoy. Abrazando a los que quieres y disfrutando de ellos como si no hubiera (hubiese) un mañana, porque dejar las cosas para mañana…mal. Mañana puede ser tarde. En nuestros encuentros mañaneros «perrunos» noto que tu sonrisa ha ido creciendo, sobre todo en estas últimas semanas. ¿Habrá mejor noticia que dar que esa?
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