De cómo ser mujer y no morir en el intento. De cómo conocer otras formas de maltrato que se ven menos, en las que no hay evidencias físicas que las delaten rápidamente, como un moratón. Están esas otras «maneras» de violencia doméstica que van calando poco a poco, como una gota de agua en una máquina de tortura medieval. Esas formas de anular a la mujer, de relegarla a un lugar que no les corresponde en el ahora, aunque quizá sí en el ayer. Mujeres invisibles que se dejan «enamorar» por lo políticamente correcto: noviazgo, embarazo, matrimonio, crianza y monotonía. Mujeres maltratadas silenciosamente; sin grandes aspavientos. Abuela coraje empeñada en hacer que no se repita la historia; marido mueble con aspiraciones a “aquí mando yo”; hija/móvil cuyos argumentos sobre la vida y el amor, a esas edades, dan más miedo que vergüenza. En definitiva, una muestra interactiva donde el público decide finales. Espectadores y espectadoras que salen reflexionado del teatro, que para eso está. Animahist, bajo la dirección de Carlos Aceituno, nos presentan este, No quiero princesas, de rabia contenida y liberación absoluta y gritada.
No quiero princesas: teatro interactivo sobre la violencia de género que menos se ve
No quiero princesas: teatro interactivo sobre la violencia de género que menos se ve

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